La lectura y las matemáticas
Mucha gente tiende a ver las matemáticas como opuestas al lenguaje y la literatura, pero en realidad hay mucha interrelación entre ellas. De hecho, trabajan de la mano: las matemáticas ayudan a los niños a construir habilidades lingüísticas, y el lenguaje sustenta el aprendizaje de las matemáticas. Ambos construyen habilidades de pensamiento. Las últimas investigaciones revelan que la magnitud en que un niño es expuesto a conceptos matemáticos durante sus primeros años de vida predice qué tan bueno será en matemáticas durante la primaria. Incluso más sorprendente, también predice qué tan bueno será en la lectura. Para ir más lejos, los niños que pueden contar una historia conocida o inventar una nueva cuando están pequeños, tienden a ser mejores en matemáticas. La buena noticia es que esta relación números-letras puede desarrollarse simultáneamente.
Todo a nuestro alrededor puede entenderse mejor gracias a las matemáticas; puede ayudar a los niños a encontrar más sentido al mundo. Ayudando a nuestros niños a ver las conexiones entre su mundo y las matemáticas, estamos enriqueciendo su total aprendizaje y desarrollo.
Todo a nuestro alrededor puede entenderse mejor gracias a las matemáticas; puede ayudar a los niños a encontrar más sentido al mundo. Ayudando a nuestros niños a ver las conexiones entre su mundo y las matemáticas, estamos enriqueciendo su total aprendizaje y desarrollo.
El lenguaje de las matemáticas
Las matemáticas requieren que la gente piense sobre lo que significan las palabras. Cuando hablamos sobre "matemáticas", tenemos que ser precisos en nuestro pensamiento y lenguaje. Tenemos que explicar nuestro razonamiento. Pensemos en un rectángulo. Tiene cuatro lados y cuatro ángulos, pero sólo porque la mayoría de las formas que llamamos rectángulos tienen dos lados largos y dos cortos, eso no significa que todas las figuras con dos lados largos y dos cortos más cuatro ángulos sean rectángulos. Las matemáticas constituyen un contexto ideal para discutir el concepto exacto de las palabras –y para demostrar que las palabras tienen diferentes significados. Por ejemplo, algunas veces la gente dice "derecho" por decir horizontal o vertical, como en el caso del cuadro colgado en la pared: "está derecho o ladeado". Otras veces, derecho significa no curvo, en el caso de una línea recta en una figura.
Aprender cómo usar el lenguaje para expresar pensamientos matemáticos beneficia a los niños en muchas maneras que podrían no ser inmediatamente evidentes. Si el niño no entiende por qué el carrito no baja por la rampa, por ejemplo. Usando conceptos matemáticos, tales como altura o ángulo (qué tan inclinada es la rampa), puede ayudarle a ver la situación de una manera nueva. Cuando dos niños están tratando de encontrar una forma de compartir un juguete, las matemáticas pueden ayudar: sugerirle usar un cronómetro por un tiempo determinado para cada niño a su turno. Compartir juguetes puede involucrar "negociar" un número de bloques para cada uno.
Las matemáticas conectan con todo. Saltar, marchar, subir escaleras, por ejemplo, son formas de contar. Cuando los niños reconocen, dibujan, juegan y combinan figuras no están sólo aprendiendo geometría, están también experimentando con arte visual, arquitectura y ciencia. Cuando los niños escuchan una historia, están creando imágenes mentales de las escenas y de los personajes, usando frases como: "ojos tan grandes como platos", o el duende se esconde "debajo del puente".
Estas descripciones son ideas "espaciales", que literalmente dan forma a nuestra visión del mundo. De hecho, usamos conceptos espaciales en casi todos nuestros pensamientos. Cuando sean grandes, los niños usarán ideas espaciales para pensar sobre redes de comunicación, la estructura de las moléculas, geografía y muchas otras cosas. Pero el pensamiento espacial es también básico para un temprano desarrollo cognoscitivo de los niños. De hecho, las investigaciones demuestran que cuando los niños pequeños trabajan con figuras y las combinan de diferentes formas, están mejorando sus logros matemáticos para dos o tres años más tarde –además de mejorar su escritura e incluso su IQ--.

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